lunes, enero 22, 2007

Arrollador avance de los anglicismos

Un joven amigo alemán, en reciente visita a esta ciudad, me comentó sorprendido sobre el arrollador avance de los anglicismos en el lenguaje de los mexicanos. Entre letreros en inglés y otras pochadas, me pregunto: ¿Por qué dicen cidí y dividí si en español se diría cedé y devedé? En reciente artículo crítico sobre cultura publicado la semana pasada en La Jornada, el autor, que sin duda no pertenece al vulgo, cada vez que mencionaba estos medios electrónicos, incurría en el mismo vicio utilizando cidí y dividí en lugar de cedé y devedé, tomándose la molestia de ponerlos en cursivas, cuando pudo tranquilamente haber escrito tales siglas en español.
De manera inconsciente ­por tanto mas peligrosa­ muchos mexicanos, tanto incultos como medianamente cultos o ilustrados, practican y propagan un sometimiento servil ante la penetración cultural de la potencia dominante. Al ya casi universal uso del okey y el bay, se acepta oficial y particularmente, el pegote de latinoamericanos que nos endilgó el imperialismo francés por boca de Napoleón el Pequeño, cuando intentó apoderarse de México. Los Estados Unidos, listos a utilizar la menor posibilidad de despojar a los pueblos de su identidad para dominarlo más fácilmente, acogieron con gran entusiasmo dicho vocablo. Y hete aquí que nosotros encontramos un asidero para nuestro gran resentimiento ­a veces fobia­ contra lo español. Felices nos autonombramos latinoamericanos para rechazar que somos hispanoamericanos; iberoamericanos si englobamos a Brasil, y americanos dentro de todo un continente. Americanos, como lo mencionaban nuestros independentistas. Pero, encantados de la vida, les cumplimos a los estadunidenses el gusto de considerarlos como los únicos, los verdaderos americanos.
En otro artículo también publicado en nuestro periódico, se señala cómo el imperialismo, en todos los tiempos, para apoderarse de los pueblos destruye su cultura, que es su identidad, y una de las formas más eficaces que utiliza es acabar con el idioma del dominado introduciendo el suyo. Los imperialistas gringos deben estar muy complacidos de lo fácil que les resulta lograr la cooperación de los mexicanos en su tarea de someterlos.
Atentamente
Laura Bolaños Cadena


La Jornada / El Correo Ilustrado
22 de enero del 2007

domingo, enero 07, 2007

Esencia del programa del Manifiesto de San Andrés (por Pancho Villa).

"...Elecciones libres, con pena de muerte para los que cometan fraude y un candado para impedir el paso de caudillos. Ninguno de los jefes armados podrá presentarse como candidato.

Los diputados y senadores que hagan negocios turbios 'que redunden en provecho propio con perjuicio de la colectividad', serán pasados por las armas.

Propone el regreso a las Leyes de Reforma del juarismo, ... Abolición de la deuda pública. Los extranjeros no podrán tener tierra en México, y en particular los chinos (a los que hace responsables de colaboración con la Punitiva) y los estadounidenses ('responsables del desastre naciona, que con miras bastardas han fomentado la guerra fratricida'). Se nacionalizarán ('decomisarán') las minas extranjeras, las líneas ferroviarias; se cerrará la frontera con Estados Unidos para promover la manufactura nacional y se cortará el telégrafo 'a 18 leguas de las fronteras de los Estados Unidos'..."

Ibídem

De las notas del capítulo 31
"Soldaderas, moscos y Zepelin. La amenaza de invasión estadounidense provocaba un furioso encono nacional. El profesor García de Letona, desde Saltillo, había propuesto a mediados de febrero un plan a Huerta para detener la invasión que por lo delirante merece la pena recoger aquí: asociar las fuerzas en conflicto, hacer una alianza con Japón, electrificar la República, armar con bombas de mano a 150 mil soldaderas, preparar cultivos de fiebre amarilla y soltar jaulitas repletas de moscos en sus campamentos, inocular de rabia a los perros y echárselos, comprar un Zepelin mediante suscripción nacional..."

Pancho Villa Una biografía narrativa,
Paco Ignacio Taibo II.
Ed. Planeta.
1a ed. agosto 2006